A menudo, el comportamiento desproporcionado de un perro reactivo se confunde con agresividad, pero en realidad puede ser resultado del miedo, la falta de confianza y la incapacidad para enfrentar situaciones cotidianas.
Los perros reactivos pueden ser tratados con programas para reducir el estrés y actividades que los ayuden a acostumbrarse a estímulos que los ponen nerviosos, manejando la distancia y la intensidad de manera que obtengan resultados positivos.
Para comprender la agresión derivada de la reactividad canina, es esencial considerar los antecedentes que conducen a desencadenantes específicos. La gestión adecuada de las situaciones es crucial para ayudar al perro a superarlas. Por ello, los sistemas de rehabilitación que manejan la distancia y la intensidad del estímulo, buscando el auto refuerzo en el perro al manejar con habilidad el umbral de reactividad, logran buenos resultados en el tratamiento de perros reactivos, pero no en el caso de perros agresivos.
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